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Juan Pablo Ruiz
Jefe de la Expedición

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Crónicas de los Expedicionarios
Mayo 26 de 2007

 

La cima del Everest, desde la visión de un colombiano

Por: Juan Pablo Ruiz
Jefe de la Expedición Colseguros. 
Su relato fue grabado a través de un teléfono satelital a 6.400 metros de altura

 

Después de un mes y cuatro días nuestro sueño se cristalizó. Conquistamos la cima más alta del mundo, la del Monte Everest a 8.848 metros de altura, una cumbre que yo ya había logrado en 2001, junto con otros tres colombianos.


Pero aunque el primer ascenso fue especial por ser el gran debut, esta vez las sensaciones fueron más especiales, pues los dos objetivos que nos trazamos en esta Expedición Colseguros Everest 2007, que veníamos forjando desde hace un año, los cumplimos: conseguir que por primera vez una mujer colombiana llegara a la cima y que un hombre lo hiciera sin el uso de oxígeno adicional.


Tanto en 2001 como en este caso, yo fui el jefe de la expedición, y eso me trajo unos retos importantes que se fueron despejando en el mismo momento de ascender. Nos encontramos un Everest que tenía la presencia de una expedición china de 200 personas que estaban preparando lo que va a ser el año entrante el descenso de la antorcha de los Juegos Olímpicos desde la cima del monte para darle la vuelta a la China.

 

Entonces eso hizo que la montaña estuviera congestionada, porque adicionalmente cada día las empresas comerciales empiezan a traer más gente, menos preparada pero con muchas ayudas técnicas. Eso ha dividido el montañismo en dos grupos, uno que hace montaña, que abre rutas y toma retos como los que tomamos nosotros y otros, que pagan grandes sumas de dinero y esperan grandes atenciones.


El 20 de abril pudimos ubicarnos en el campamento base y progresivamente fuimos acondicionando los otros campamentos. Antes de cualquier cosa, entre los 12 miembros del equipo llegamos al consenso de que lo más importante era que primero todos llegáramos por lo menos a los 7.600 metros de altura. Era parte del derecho para poder intentar la cumbre, porque no se puede hacer sin haber realizado pruebas anteriores de cómo se comporta el organismo. Hicimos la prueba y el resultado fue excelente. Ocho personas terminamos con la misma opción de hacer la cumbre.
Luego distribuimos el grupo en dos avanzadas. Se repartieron teniendo en cuenta la velocidad con la cual se movían. El primer grupo quedó compuesto por Luis Felipe Ossa y Elkin González, quienes iban a intentar la cumbre sin oxígeno; y Rafael Ávila y Ana María Giraldo, con oxígeno. En el segundo grupo, liderado por mí, estaban Mónica Bernal, Katty Guzmán y Antonio Lozada. Manolo Barrios comandó el primer grupo.


Ubicados a los 7.600 metros y pasadas unas tres semanas, empezamos a hacer las averiguaciones de cómo estaba el clima, a través de unos informes del tiempo que tienen una  buena aproximación. Entonces vimos que lo mejor era que un grupo intentara la cumbre el 23 de mayo y otro grupo, el 24. Organizamos todo, descansamos, comimos bien, dormimos bien y luego arrancamos con la compañía de tres sherpas (acompañantes nativos del pueblo Sherpa en Nepal).
Arrancó el primer grupo del campamento base y cuando nos encontramos nuevamente, nos vimos con Manolo Barrios, quien nos dijo que tenía un dolor lumbar y que le había tocado devolverse. Después de eso también nos topamos con Rafael Ávila, a quien le había fallado una parte del equipo y quien nos comentó que se sentía muy lento y que no quería retrasar al grupo. O sea que siguieron avanzando hacia la parte alta Elkin González, Luis Felipe Ossa y Ana María Giraldo. Ellos llegaron al Campamento tres el 22 de mayo en horas de la noche.


Nosotros, entre tanto, estábamos en el dos y oímos permanentemente el viento y pensamos que iba a ser difícil que ellos pudieran salir. Nos comunicamos por radio y nos contaron que a Anita le había fallado el regulador. Entonces siguieron sólamente dos personas: Luis y Elkin. La idea fue que Anita se quedara ahí sola hasta el otro día para que se fuera con nosotros al día siguiente.


Iban ellos dos hacia arriba, pero Elkin empezó a sentir congelamientos, así que paró y se devolvió a 8.500 metros de altura. Lucho siguió y en medio de una noche fría y con mucho viento, fue el único que hizo la cumbre sin oxígeno, y además, la pudo hacer yendo a la misma velocidad a la que iban quienes intentaron esa noche hacerlo con oxígeno.
Conmigo iba también Ang Nuru, un amigo que me encontré aquí y que intentaba por primera vez la cumbre de Everest y se nos unió al grupo. Con él me fui en la retaguardia, juntos con los sherpas y las tres niñas de la expedición. Salimos a las 11:30 p.m. hasta el amanecer. 

 

Y fue realmente muy bonita la procesión, no nos hizo viento, fue una noche maravillosa y pudimos avanzar para estar en la cumbre a las 7:30 de la mañana del jueves 24 de mayo. Fue un amanecer esplendoroso y naturalmente fue inmensa la alegría dado que los cuatro logramos la cumbre (Ana María, Mónica y Katty).
Pero ahí no hay tiempo de celebrar, porque queda la mitad del trabajo, el descenso, que es inclusive más peligroso que la subida. Yo quise quedarme sólo para el regreso para disfrutar más de la magnitud de la montaña, pues a mis 50 años seguramente no volveré por aquí.


Pero me pasó algo que me dejó perplejo. Como de subida estaba de noche no vi que durante el recorrido había varios cadáveres de personas que nunca alcanzaron la cima, pero que tampoco pudieron regresar. Sentí un poco de nervios al sentirme solo y bajé lo más rápido que pude hasta los 8.600 metros, donde felizmente me encontré con los sherpas que ya estaban desmontando los campamentos. Ahí pasamos la noche, mientras que el resto del grupo la pasó en los 7.000.
Hoy (viernes 25 de mayo) ya descendimos a los 6.400 metros y este fin de semana esperamos llegar al campamento dos para ir progresivamente bajando hasta llegar a la base, cruzar la frontera y llegar el 29 de mayo a Nepal y poder regresar la segunda semana de junio a Colombia a seguir compartiendo esta maravillosa experiencia.

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